Andreś sale al mar y se dirige hacia Alma. Antes de llegar a ella, ve al niño que la mira. Se detiene y se queda mirando a Alma también, sin moverse, como si quisiera poder verla desde la distancia que conserva la distancia del niño. Éste, absorto en la contemplación, no ha advertido la cercanía de Andrés.
Andrés avanza al fin y se sienta junto a Alma en la orilla del petate. el niño aparta los ojos y finge arreglar los dulces de la canasta. andrés se inclina y empieza a besar a Alma, recorriendo su espalda con la boca. Ella levanta la cabeza.
Alma: estás mojado...
Andrés: ¿ Cómo sabes que soy yo?
Alma: No lo sabía. Lo que sentí es que me besaba alguien que estaba mojado.
Andrés la sigue besando y acariciando. Luego la da vuelata, haciendo que quede boca arriba, con los pechos desnudos.
Alma: Estoy desvestida...
Andrés:No importa, yo te tapo.
Se acuesta sobre su torso y sigue besandola. El niño, inquieto pero incapaz de apartarse, ha vuelto a mirarlos.
Alma acepta y contesta las caricias de Andrés. Él se aparta y se queda un instante mirando sus pechos desnudos. alma se sienta para abrazarlo de nuevo. Ve al niño que los mira. Se pega a Andrés, rodeandole el cuello con los brazos.
Alma: Nos está viendo.
En vez de contestar Andrés la besa en la boca. Alma responde el beso. Luego Andres se pone de pie, haciendo que Alma, abrazada a él,todavía, se incorpore también.
Alma: No, Andrés, por favor, no seas malo...
Andrés la toma de los hombres apartandola de sí y hace que se siente en uno de los sillones de madera.
El pequeño sosten queda abandonado sobre el petate.
Alma ve un instante sus pechos desnudos, con los pezones despiertos, duros y salientes y luego, fugazmente, sólo durante un instante, al niño que la mira desde su sillón, vuelto por completo hacia ella. cierra los ojos y se queda sentada, semidesnuda, al sol, con las piernas estiradas hacia adelante y los brazos caídos a ambos lados del sillón.
Andrés está de pie, ligeramente a un lado, de espaldas al mar y a la figura del niño. Inmóvil en su sillón, con los ojos cerrados, semidesnuda y expuesta a las miradas de Andrés y del niño, desamparada y tierna, la excitación de Alma le da más vida a su figura. Todo está quieto, fijo y vibrante como la luz del sol. Luego, muy lentamente, Alma levanta un brazo y recorre con la mano su estómago, la detiene finalmente sobre sus pechos, abre los ojos y mira a Andrés, suplicante.
Alma: Ven, bésame.
Andrés se pone de rodillas frente a ella, le acaricia los pechos. Alma le pasa los brazos al cuello, atrayéndolo hacia sí. Se besan y acarician largamente bajo la mirada del niño, hasta que alma aparta a Andrés.
Alma (muy excitada): No puedo más, no seas malo, déjame vestir.
andrés se aparta y se queda sentado frente a ella en la arena, mirándola. Alma parece incapaz de moverse. Finalmente se levanta y con un rapido momento recoge el sosten del petate, se lo pone y vuelve a sentarse. Andrés sigue sentado en la arena, frente a ella. alma lo mira Turbada.
Alma: ¿Por qué hiciste eso?
Andrés: Me gusta verte y tocarte. Y a ti también te gusto, ¿no?
Alma lo ve sin comentar. Luego se vuelve y mira abierta y directamente al niño. Éste aparta muy rápido los ojos, toma su canasta, se levanta y se aleja, caminando muy despacio sin que Alma deje de mirarlo. Andrés se incorpra y besa a Alma, ella lo aparta.
Alma: No, ya no, no vuelvas a empezar, por favor. Vamos al mar.
Se pone de pie y le tiende la mano a Andrés, invitándolo a seguirla con un gesto alegre.
Extraído de: El Gato, novela de Juan García Ponce. Editorial Sudamericana, 1974.
miércoles, 20 de enero de 2010
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